
Y una vez que empiezo, no sé cómo terminar, es sorprendente cuando tienes tanto que hacer que no deberías dormir pero te gana el sueño; y lo irónico de dormir y no poder hacerlo. Alguna vez intenté eso de contar ovejas, maldita mente en blanco!, no tengo idea cómo lograr eso, cuando vas por la oveja tres, comienzo a divagar y divagar, dándole vueltas a algo que me tiene inquieta, y cuando me doy cuenta, la parte automática del cerebro ya va en la oveja sesenta; y parece que tengo que volver a empezar.
En realidad ahora no contaba ovejas, pero creo que comenzaré a hacerlo pronto; por el simple hecho de que no te puedo sacar de la cabeza; ahí estás, como una gotera que en un momento taladra el silencio y te impide pensar más; claro que no eres un sonido incesante, ni molesto; más bien, eres algo así como una brisa, fresca, limpia y estimulante; la brisa que trae consigo sensaciones tan agradables… Me pregunto si será posible mandar un mensaje al viento; sería interesante probar decir un “te extraño” y esperar que un suave viento lo lleve a ti; que en el momento en que esa brisa te tocara pudieras sentir la ausencia de ti en mí.
Creo que ya divago, a eso iba con lo de que debo dormir; pero no me importa mucho; me pongo a pensar en lo mucho que no sabes, aunque ahora que lo medito un poco; creo que ya te lo he dicho mucho, así que lo sabes; sabes que trato de ser mejor para ti, o no?, aunque esté cansada y no tenga mucho tiempo, la ilusión de verte en la tarde me hace querer verme aunque sea un poco linda para ti; aunque ande en fachas o sin peinar; no sabes el tiempo que puede tomar rizarse el cabello, o alaciarlo, o hacerse una mugre colita, y no espero que lo notes, porque obviamente eso “no se debe notar” pero trato que al menos no me veas como un completo desastre; que puedas darme un abrazo petit y me saques una sonrisa.
A veces me da pena confesarte mis tonterías, y a veces me cuesta creer que no te fastidies conmigo, que tú seas todo dedicado, todo un Monsanto boy, sexy y entretenido; y yo esté tomando atarax porque no puedo lidiar con un problema familiar.
Son tantos detalles que adoro de ti, y creo que son esos pequeños momentos, como hoy o ayer, cuando platicamos frente a frente, tirados en tu cuarto con sabor a melón y la tele de fondo que no tiene importancia, es cuando todo tiene sentido; y cualquier otro compromiso parece tan frívolo y aburrido que quiero cancelar, para estar un poco más contigo, sólo así, conversando de cualquier cosa, planeando un disfraz, tejiendo un futuro, dejándonos llevar.
una veintiocho am
once de febrero del dos mil once
