
Aposté contigo y perdí.
El 433 de nuestra vida parece tan borroso y lejano, como si fuera solo una idea abstracta que no llegará a concretarse.
No te esperaba, estaba en esa zona de confort tan agradable, en la que todo está bien, y una alegría constante te mantiene sonriendo, haciendo una “rutinaria”, pero feliz vida; y aunque no pedía que aparecieras, lo hiciste, llenando todo de tus colores, de tu magia y tu maravillosa sonrisa; saturando mi mente con millones de imágenes con tu mirada, y los pliegues que se te hacen cuando te echas a reír.
No hay espacio alguno donde no estés tú, donde no haya un recuerdo tuyo, de algún momento que vivimos juntos. La forma en que sujetabas tu barbilla entre tus manos y tus piernas cruzadas sobre el sillón cuando nos vimos a solas por primera vez en el café, la forma en que esperabas pacientemente conmigo mientras elegía el celular que quería, cuando me dejaste usarte de cobija el primer san Valentín en casa de Abraham; o cada vez que ibas por mí a la maestría, no sabes la dicha que me daba que pudieras desayunar conmigo en un break, no había nada mejor que comenzar el día viéndote a ti las pocas veces en que tuviste la oportunidad de recogerme en la mañana para llevarme a clases.
No sabes lo increíblemente afortunada que me sentía de tenerte en mi vida, de que me quisieras a mí, y que se notara, que esa mirada tuya me compartiera todo lo que sentías por dentro, la forma en que siempre buscabas abrazarme o estar cerca de mí. Eras como mi pequeña luna, mi satélite sutil, mi estrella particular.
Cada día a tu lado era mejor que cualquier fiesta, y cada momento que sumaba a nuestra historia me hacía creer con más fuerza que éramos el uno para el otro; que no había duda, que eras mi destino, que estaríamos juntos, que serías mi esposo y mi vida entera.
Y ahora, parece que mi luz de vela se va apagando; poco a poco y dolorosamente. Es como si hubieran quitado todo brillo de tus ojos, toda risa de tus labios, toda la ternura de tus manos. Es como si estuvieras cumpliendo con un contrato, que te pide esforzarte por estar conmigo, pero que en el fondo ya no lo deseas, que solo esperas un fallo de mi parte para sucumbir.
Dicen que no puedes sentir dolor en el corazón por una desilusión amorosa, que todo lo llevas en el estómago; entonces que alguien me explique por qué siento esta opresión en el pecho?, por qué tengo que esforzarme por no gritar, por qué duele al respirar y no puedo dejar de llorar…
Es como cuando no deja de llover, y las coladeras se comienzan a tapar de tanta agua que se amontona; esta lluvia en mis ojos tampoco se detiene; y ya no sé qué hacer.
Recuerda que sólo soy una niña tonta que juega a ser princesa, que aún cree en su cuento de hadas donde el príncipe siempre luchará por ella… pero tal vez estoy creciendo, o simplemente te llevaste contigo todo rastro de fantasía, porque ahora ya no me siento princesa, y creo que mi cuento se terminó… tengo miedo de decir algo, lo que sea, porque sé que yo haría todo por ti; porque no hay nada que me importe más en este mundo que estar a tu lado, abrazarte, verte sonreír… y sin embargo me da miedo siquiera tocarte, parece que ya nada te gusta de mí.
Tengo miedo de decirte que te amo, porque parece que ya no sientes lo mismo, temo preguntarte porque me dices que te hartas, y me muero de tristeza al darme cuenta que ya no está ahí la persona de la que me enamoré… cómo es que destruí a quien más feliz me hacía?, cómo es que ya no es él quien me pregunta cada minuto si lo quiero y me pone esa mirada tierna y esa cara de niño bueno...
Tengo tanto miedo de que me de calor, porque no quiero descontrolarme y que termines conmigo por un instante de frustración. Tengo miedo de abrazarte, porque te limitas a ver la tele o a seguir con lo que haces, respondiendo con un abrazo automático, y puedo mirarte un largo rato y ni siquiera me volteas a ver; parece que ese gusto por verme va disminuyendo vertiginosamente mientras el tiempo pasa.
Tengo miedo de no saber qué hacer; a veces quería sorprenderte y hacerte algo de comer, pero no te gusta nada de lo que yo puedo cocinar, los postres que te puedo comprar, la ropa que te quisiera regalar.
Cualquier tema del que hablo, parece insulso y nunca estás de acuerdo.
Antes me escuchabas con interés y una risa ante mis tonterías; pero parece que ahora siempre soy impertinente, frívola, tonta ante tí.
A veces desearía dejarte solo para pensar, para que con el tiempo me pudieras extrañar, y como en mis cuentos de hadas, me pudieras buscar y lucharas por mí, y saber que todo va a estar bien, que todo será magia e ilusión; pero me da miedo que todo sea como últimamente, donde simplemente te das la vuelta y me pides que no te llame; me da miedo porque sé que si me lo pides una vez más ya no te buscaré, ya no podría soportar tu rechazo de nuevo, creo que me rompería el corazón para siempre y dejaría de latir para limitarse a existir, ahí, sin sentido, sin razón.
Y ahora sólo quiero luchar por ti, por nosotros; pero cada vez me doy cuenta de tantas cosas, que creo que ya te perdí, porque tras tus “te quiero”, ya no veo el amor de antes, y me dan ganas de llorar ante eso, cómo fue que pasó?
Fuiste tú, fui yo. Y si hacerte feliz, significa perderte… creo que lo prefiero a que seas infeliz a mi lado para siempre...
veintisiete de junio del dos mil once
una treinta y tres am

No hay comentarios:
Publicar un comentario