Hace tanto que no estaba aquí, sin un espacio en mi mente para pensar, al menos no uno destinado a ello, al menos no uno que me permitiera sentir de verdad. Es como siempre, como esos momentos que sabes que un día llegarán, y te da miedo, y te aterras, y tu corazón se acelera; sientes un sudor frío en las manos, y comienzas a sentirte inquieto; es una mezcla de emociones que no terminas por entender; pareciera que lo tienes todo bajo control, que tienes la respuesta exacta, o tan siquiera puedes predecir lo que pasará a continuación.
Sin embargo no es suficiente, contemplo el día pasar y trato de calmarme, es como si me dividiera en dos: la pequeña niña inquieta que no sabe estarse en paz, que tiene que husmear aquí y allá, escarbando en todas partes queriendo saberlo todo, preguntándose qué es lo que sucede y por qué pasa así; por otro lado está la mujer madura, que la mira con un poco de ternura y un poco de preocupación, porque sabe qu encontrará algo que quizá le haga daño, que en su inocencia pase por alto y termine lastimada, herida, destrozada; es raro, quiero detenerla y decirle que está todo bien!, que no busque más, que se conforme con saber que la vida es sabia, que todo pasa por algo y todo estará bien; pero a veces me gana, es como si hiciera un berrinche y se empeñara en conocer cada pieza del rompecabezas, también puede ser que me conquiste con su sonrisa y con sus esperanzas de un mundo mejor.
No lo sé, a veces sólo trato de estar tranquila, de comenzar a ordenar las cosas, poco a poco, de encontrar la manera de darle un nuevo sentido cuando todo parece perdido; y aquí vamos de nuevo, aceptando la derrota, con la cabeza no tan en alto y los ojos no tan abiertos, aún no he recibido el golpe final, sé que dolerá y no sé si estoy lista; prefiero andar con cuidado... espera un poco, no te acerques tanto que duele y puedo sentir que pronto estaré rendida y no sé si pueda escapar. A veces todo amenza con volverme loca, mi razón se mantiene apenas en un hilo, cuelga en tus manos y tú te ríes un poco, con esa locura en la mirada y esa triste sonrisa que refleja que ni tú sabes qué esperar.
Esta vez estoy asustada, asustada en verdad. Trato de hilar las cosas, de comprender, de ver más allá de todo, esta vez las fuerzas me fallan y no sé si pueda aguantar; dice un escritor famoso que con el tiempo uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale; pero seguramente nunca enfrentó esto; seguramente no estuvo al borde de la razón, nunca sintió que todas sus ideas, que todas sus ilusiones y sus esperanzas se rompieran en mil pedazos, y sólo dejaran un corazón vacío, con el eterno eco en recuerdo de que un día latió... y me asusta tanto sentir ese frío interno, que a veces pareciera que me consume, y a veces pareciera que es tan natural, que amenaza con quedarse y no volver a latir más.
Hay días que me permiten echar un vistazo a lo que podría ser, y da miedo; sentirse tan acostumbrada a ese espacio donde no hay nada, no hay dolor, no hay sufrimiento, no hay nada. Tampoco hay emoción alguna, y pareciera que sonrío por casualidad, en respuesta automática a algún convencionalismo social, viendo pasar la vida por mi lado sin siquiera deteneme a pensar, actuando por impulso, por costumbre, por esa fuerza invisible que sólo te empuja lo suficiente para avanzar...
sábado, 9 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario